LA PARANOIA NUESTRA DE CADA DÍA
Emilio Alberto Restrepo Baena
“El médico es muy sufrido, pero es más lo que lo joden”
“El verdadero paciente es el médico, pues tiene que armarse de una paciencia a toda prueba”
El trabajo del médico en Colombia, a la luz de la ley que nos rige, se ha vuelto poco menos que imposible cuando no indignante, cada vez menos apetecido y cada vez más mal remunerado.
Antes el médico ejercía un liderazgo en la sociedad, su voz era acatada, su figura respetada y el vínculo entre él y su paciente era indisoluble, casi sagrado, una verdadera comunión de confianza, entrega y compromiso.
Ahora ser médico no marca ninguna diferencia. Los intermediarios del sistema no solamente explotan su trabajo pauperizándolo cada vez más, sino que se quedan con el mayor porcentaje de las ganancias que se derivan del ejercicio de la profesión, obviando conceptos como calidad y solidaridad.
Porque ejercer implica enfrentarse a una cantidad de contaminantes que en todo momento enrarecen el ambiente y hacen que sea muy peligroso hacerlo y muy poco gratificante. Recordemos algunas de las situaciones que nos atormentan:
Los abogados que tratan en todo momento de pescar en río revuelto, sometiendo por cualquier razón al médico, justa o injusta, al riesgo permanente de ser demandado. Cualquier motivo genera una demanda, sin ninguna consideración de tipo ético. Muchos de ellos engolosinan al paciente o a su familia, les cobran el adelanto para comenzar a trabajar y disparan el proceso. No les importa lo que tengan que enfrentar, si las evidencias son reales o no, si los testigos son válidos o no, el plan es tratar de conciliar y sacar la mejor tajada posible. Si no lo logran, asumen inicialmente el proceso y en el desgaste natural de él, lo más común es que pierdan rápidamente el interés; de hecho, cerca del 98% de las demandas médico legales son precluidas o falladas a favor del médico. Pero en el camino quedan grandes costos, angustias que no tienen precio y menguan la tranquilidad, la autoestima y el entorno personal y familiar del galeno involucrado; se generan enemigos potencialmente peligrosos, el prestigio se socava, se crea un precedente. Y todo por la plata, jugando con la expectativa de los familiares y con el buen nombre del profesional. Y todos los que estamos en esto sabemos que un altísimo porcentaje ejercemos con ética y compromiso, con responsabilidad y honradez, que nadie se complica porque quiere, que nadie daña a un paciente a propósito, que explicamos bien los procedimientos para que la persona sepa a que se está sometiendo cuando firma el consentimiento informado.
Los malos colegas, verdadera peste que nos implica estar durmiendo con el enemigo, bajar la guardia y no saber que a la vuelta del pasillo nos espera la puñalada trapera, por resentimiento, por celos profesionales, por envidia, por luchas de egos, por competencia desleal, por dinero, etc. En este tema no me detengo, pues en este mismo periódico ha sido tratado en forma excelente por el Dr. Bernardo Ledesma en el artículo “El Canibalismo Médico” que se puede leer en la página:
http://asmedasantioquia.org/momento_medico/edicion_84/canibalismo.htm
Los sapos, usualmente camuflados entre el personal paramédico, son capaces de destruir en un minuto con un comentario venenoso un prestigio construido durante años a base de sacrificio, coherencia y trabajo duro. En ocasiones reciben prebendas de las aseguradoras o de los abogados carroñeros en busca de casos para demandas por delatar con disimulo los errores ocurridos o las complicaciones. Con bases ciertas o no, hacen de la intriga y la cizaña sus armas para indisponer y generar mal ambiente. Llaman a los hogares y vomitan un sartal de sandeces, inventan romances, diseminan chismes, descalifican profesionales, muchas veces en forma gratuita, otras veces remunerada; desestabilizan de tal forma que hacen un verdadero daño, pero desafortunadamente se cuentan por montones en nuestras instituciones de salud, muchas veces estimulados por los jefes o los mandos medios; diríamos que hacen parte de lo más bajo y despreciable de la especie humana, pero son peligrosísimos por los rastreros y ponzoñosos.
Los acompañantes del paciente, incluido el infaltable “pato” o “metiche lambón” que es el que más grita, el que más injuria, el que más amenaza, sobre todo en los servicios de urgencias, más aún si está borracho. En todo acto siempre está por delante la advertencia de que si algo sale mal, a pesar de lo grave que esté el paciente, el galeno se tendrá que ver con él y atenerse a las consecuencias. Es grosero y demandante, su tono de voz tiene siempre implícita una amenaza, se cree de mejor familia y lo hace saber a viva voz para que todo el mundo se entere que tiene muchas relaciones políticas, que tiene mucho dinero, amigos malos-remalos, grandes influencias, cuando en el fondo uno sabe que es un pobre pelagatos que no tiene en donde caer muerto y no pasa de ser un vociferante parlanchín fanfarroneando para tratar de ganar méritos. Opina de todo, sabe de todo, es un gran tribuno en las salas de espera supremamente versado en medicina y jurisprudencia; logra generar un verdadero clima de indisposición en contra del equipo de salud, sobre todo si las cosas no salen como se esperaba.
Los auditores médicos, verdadera piedra en el zapato, que si bien en el diseño teórico del sistema son muy importantes, en el acontecer cotidiano no hacen más que perseguir a sus colegas clínicos, entorpecer el trabajo, dilatar los procesos (exámenes, remisiones, cirugías), glosar las cuentas para retrazar los pagos y así favorecer a las empresas promotoras, pervirtiendo los preceptos del juramento hipocrático y la ley 23 de 1981. Para no extendernos en este tema, sugerimos complementar con un artículo que trata el tema a fondo en la dirección:
http://www.asmedasantioquia.org/momento_medico/edicion_81/callada_presencia.htm
http://www.periodicoelpulso.com/html/may05/general/general-05.htm
Las oficinas de control de las direcciones de salud, empecinadas como están en lograr finiquitar los procesos de acreditación y certificación, al mismo tiempo que mantienen en la nómina oficial hordas enteras de burócratas sin cosas distintas que hacer fuera de esperar la quincena, descubrieron que aplicando miles de requisitos inverosímiles ocupan el tiempo y se lo quitan a los que sí tienen que trabajar. Por eso se da el caso de un consultorio de un especialista con más de veinte años de ejercicio con problemas de funcionamiento porque no tiene “la historia de la báscula ni del tensiómetro”, comprados en cualquier almacén de la ciudad. Mientras eso ocurría y el asombrado galeno descubría que ni siquiera sabía que esos aparatos tenían historia, las clínicas de garaje, los centros piratas de cirugía estética y las clínicas de abortos seguían su curso como si nada ocurriera. Bien lo documentó el Dr. Bernardo Guerra en sus columnas:
http://www.bernardoguerrahoyos.com/index.php?action=noticia&id=581
http://www.bernardoguerrahoyos.com/index.php?action=noticia&id=585
El modelo de las empresas prestadoras de salud o EPS, que sólo busca la producción y el rendimiento económico sin más contemplaciones o alternativas. Bajar los costos y gastos a cualquier precio, sacrificando la dignidad profesional y la calidad del servicio. Hay varias que al final del año sacan una lista de los médicos que menos droga recetan, que menos exámenes ordenan y que menos remiten al especialista. Según el criterio de la tabla de calificación, esos son los mejores, porque tienen “un sentido clínico más agudo”; tienen derecho a que les renueven el contrato, lo que por obvias razones no ocurre con los últimos del listado, que resultan ser los más onerosos para la EPS. Nadie se pregunta si son buenos o no, responsables, prácticos o éticos. Por eso la angustia de un médico que quiere ser académico y riguroso, que ordena con todo el conocimiento una serie de exámenes o interconsultas que buscan el bienestar del paciente como lo prometió en su juramento y se encuentra con que el auditor los considera “no pertinentes”, el administrador o el gerente dice que son de alto costo o está fuera del manual o hasta la secretaria simplemente “transpapela accidentalmente” las órdenes sometiendo a los pacientes a un vía crucis humillante de un lado para otro, viendo avanzar la enfermedad, gastando altas sumas de dinero que de pronto no tiene y viendo pisoteados su amor propio y la salud.
El exceso de ambición, acaso presionado por un arribismo muy ampliamente extendido entre el gremio, hace que el médico se involucre en maratones de varias jornadas sucesivas, sin descanso, sin apenas ver a la familia, exhausto, sin tiempo ni disposición para reposar, disfrutar, estudiar y actualizarse. Es muy común ver que la necesidad de cambiar de barrio por uno de estrato más elevado “para estar a la altura”, la obsesión por cambiar de vehículo a toda costa y poder exhibirlo todo el día estacionado en un parqueadero, comprar la finca para no sentirse inferior al colega, hacen que se asuman créditos desproporcionados que obligan a trabajar sin tregua cayendo en trabajoadicciones agravados por verdaderos “surmenages” o síndromes de fatiga crónica severos.
Los laboratorios farmacéuticos y sus representantes los visitadores médicos tratando de imponerle a como de lugar sus formulaciones, presionándolo para que recete sus productos sin sustento bibliográfico riguroso y veraz, muchas veces mentiroso, tratando de comprarle la conciencia con bisutería para convertirlo en un idiota útil a su servicio, sin reconocer que son multinacionales con niveles altísimos de plusvalía que logran que el facultativo les formule gratis, sin ninguna contraprestación a cambio, para seguir llenando sus ya repletas arcas.
Los pacientes sabihondos o que se creen de mejor estirpe, que siempre saben más que uno de medicina, que cuestionan todos los conceptos, que siempre piden segundas y terceras opiniones, que se enojan si no se les ordena el examen que ellos consideran necesario aunque el criterio clínico diga lo contrario. Muy común entre el gremio del magisterio, no necesariamente son particulares o de medicinas prepagadas que por lo menos estén acordes con tanta prepotencia. Estos los conocemos como “SISBEN TARJETA ORO”
El egocentrismo y la megalomanía de especialistas que se creen ungidos por un soplo divino y sobredimensionan su importancias personal y profesional llegando a mirar por encima del hombro a sus colegas, tornándose insufribles e insoportables a través de los años.
En fin, podríamos seguir enumerando los factores que nos impiden trabajar como es debido, como lo diseñamos en nuestros sueños de juventud y darle un poco más de estatus y calidad a nuestra labor y a nuestro nivel de vida. Evidentemente, toda generalización puede conllevar a una arbitrariedad y en la enumeración hay con seguridad honrosas excepciones, pero con la mano en el corazón, todos sabemos que hay mucho de cierto en ello, que no estamos todo lo bien que anhelamos, que estamos desunidos y solos, amenazados por mil factores y mal pagados, vulnerables y sin muchas otras opciones para rectificar en el camino. Solo la mística, el apostolado, la entrega y el amor con que asumimos lo que hacemos nos defienden contra la amargura y la intolerancia.
CODA:
Algunos amigos me sugirieron que pegara como ñapa el texto PLEGARIA POR UN TRABAJADOR DE LA SALUD, también de mi autoría, que ahonda un poco más en la reflexión, esta vez específica a las profesiones del área de la salud, pero aplicable a otras disciplinas. Este texto ha tenido una amplia difusión en las redes sociales y en las carteleras de los hospitales
“El verdadero paciente es el médico, pues tiene que armarse de una paciencia a toda prueba”
El trabajo del médico en Colombia, a la luz de la ley que nos rige, se ha vuelto poco menos que imposible cuando no indignante, cada vez menos apetecido y cada vez más mal remunerado.
Antes el médico ejercía un liderazgo en la sociedad, su voz era acatada, su figura respetada y el vínculo entre él y su paciente era indisoluble, casi sagrado, una verdadera comunión de confianza, entrega y compromiso.
Ahora ser médico no marca ninguna diferencia. Los intermediarios del sistema no solamente explotan su trabajo pauperizándolo cada vez más, sino que se quedan con el mayor porcentaje de las ganancias que se derivan del ejercicio de la profesión, obviando conceptos como calidad y solidaridad.
Porque ejercer implica enfrentarse a una cantidad de contaminantes que en todo momento enrarecen el ambiente y hacen que sea muy peligroso hacerlo y muy poco gratificante. Recordemos algunas de las situaciones que nos atormentan:
Los abogados que tratan en todo momento de pescar en río revuelto, sometiendo por cualquier razón al médico, justa o injusta, al riesgo permanente de ser demandado. Cualquier motivo genera una demanda, sin ninguna consideración de tipo ético. Muchos de ellos engolosinan al paciente o a su familia, les cobran el adelanto para comenzar a trabajar y disparan el proceso. No les importa lo que tengan que enfrentar, si las evidencias son reales o no, si los testigos son válidos o no, el plan es tratar de conciliar y sacar la mejor tajada posible. Si no lo logran, asumen inicialmente el proceso y en el desgaste natural de él, lo más común es que pierdan rápidamente el interés; de hecho, cerca del 98% de las demandas médico legales son precluidas o falladas a favor del médico. Pero en el camino quedan grandes costos, angustias que no tienen precio y menguan la tranquilidad, la autoestima y el entorno personal y familiar del galeno involucrado; se generan enemigos potencialmente peligrosos, el prestigio se socava, se crea un precedente. Y todo por la plata, jugando con la expectativa de los familiares y con el buen nombre del profesional. Y todos los que estamos en esto sabemos que un altísimo porcentaje ejercemos con ética y compromiso, con responsabilidad y honradez, que nadie se complica porque quiere, que nadie daña a un paciente a propósito, que explicamos bien los procedimientos para que la persona sepa a que se está sometiendo cuando firma el consentimiento informado.
Los malos colegas, verdadera peste que nos implica estar durmiendo con el enemigo, bajar la guardia y no saber que a la vuelta del pasillo nos espera la puñalada trapera, por resentimiento, por celos profesionales, por envidia, por luchas de egos, por competencia desleal, por dinero, etc. En este tema no me detengo, pues en este mismo periódico ha sido tratado en forma excelente por el Dr. Bernardo Ledesma en el artículo “El Canibalismo Médico” que se puede leer en la página:
http://asmedasantioquia.org/momento_medico/edicion_84/canibalismo.htm
Los sapos, usualmente camuflados entre el personal paramédico, son capaces de destruir en un minuto con un comentario venenoso un prestigio construido durante años a base de sacrificio, coherencia y trabajo duro. En ocasiones reciben prebendas de las aseguradoras o de los abogados carroñeros en busca de casos para demandas por delatar con disimulo los errores ocurridos o las complicaciones. Con bases ciertas o no, hacen de la intriga y la cizaña sus armas para indisponer y generar mal ambiente. Llaman a los hogares y vomitan un sartal de sandeces, inventan romances, diseminan chismes, descalifican profesionales, muchas veces en forma gratuita, otras veces remunerada; desestabilizan de tal forma que hacen un verdadero daño, pero desafortunadamente se cuentan por montones en nuestras instituciones de salud, muchas veces estimulados por los jefes o los mandos medios; diríamos que hacen parte de lo más bajo y despreciable de la especie humana, pero son peligrosísimos por los rastreros y ponzoñosos.
Los acompañantes del paciente, incluido el infaltable “pato” o “metiche lambón” que es el que más grita, el que más injuria, el que más amenaza, sobre todo en los servicios de urgencias, más aún si está borracho. En todo acto siempre está por delante la advertencia de que si algo sale mal, a pesar de lo grave que esté el paciente, el galeno se tendrá que ver con él y atenerse a las consecuencias. Es grosero y demandante, su tono de voz tiene siempre implícita una amenaza, se cree de mejor familia y lo hace saber a viva voz para que todo el mundo se entere que tiene muchas relaciones políticas, que tiene mucho dinero, amigos malos-remalos, grandes influencias, cuando en el fondo uno sabe que es un pobre pelagatos que no tiene en donde caer muerto y no pasa de ser un vociferante parlanchín fanfarroneando para tratar de ganar méritos. Opina de todo, sabe de todo, es un gran tribuno en las salas de espera supremamente versado en medicina y jurisprudencia; logra generar un verdadero clima de indisposición en contra del equipo de salud, sobre todo si las cosas no salen como se esperaba.
Los auditores médicos, verdadera piedra en el zapato, que si bien en el diseño teórico del sistema son muy importantes, en el acontecer cotidiano no hacen más que perseguir a sus colegas clínicos, entorpecer el trabajo, dilatar los procesos (exámenes, remisiones, cirugías), glosar las cuentas para retrazar los pagos y así favorecer a las empresas promotoras, pervirtiendo los preceptos del juramento hipocrático y la ley 23 de 1981. Para no extendernos en este tema, sugerimos complementar con un artículo que trata el tema a fondo en la dirección:
http://www.asmedasantioquia.org/momento_medico/edicion_81/callada_presencia.htm
http://www.periodicoelpulso.com/html/may05/general/general-05.htm
Las oficinas de control de las direcciones de salud, empecinadas como están en lograr finiquitar los procesos de acreditación y certificación, al mismo tiempo que mantienen en la nómina oficial hordas enteras de burócratas sin cosas distintas que hacer fuera de esperar la quincena, descubrieron que aplicando miles de requisitos inverosímiles ocupan el tiempo y se lo quitan a los que sí tienen que trabajar. Por eso se da el caso de un consultorio de un especialista con más de veinte años de ejercicio con problemas de funcionamiento porque no tiene “la historia de la báscula ni del tensiómetro”, comprados en cualquier almacén de la ciudad. Mientras eso ocurría y el asombrado galeno descubría que ni siquiera sabía que esos aparatos tenían historia, las clínicas de garaje, los centros piratas de cirugía estética y las clínicas de abortos seguían su curso como si nada ocurriera. Bien lo documentó el Dr. Bernardo Guerra en sus columnas:
http://www.bernardoguerrahoyos.com/index.php?action=noticia&id=581
http://www.bernardoguerrahoyos.com/index.php?action=noticia&id=585
El modelo de las empresas prestadoras de salud o EPS, que sólo busca la producción y el rendimiento económico sin más contemplaciones o alternativas. Bajar los costos y gastos a cualquier precio, sacrificando la dignidad profesional y la calidad del servicio. Hay varias que al final del año sacan una lista de los médicos que menos droga recetan, que menos exámenes ordenan y que menos remiten al especialista. Según el criterio de la tabla de calificación, esos son los mejores, porque tienen “un sentido clínico más agudo”; tienen derecho a que les renueven el contrato, lo que por obvias razones no ocurre con los últimos del listado, que resultan ser los más onerosos para la EPS. Nadie se pregunta si son buenos o no, responsables, prácticos o éticos. Por eso la angustia de un médico que quiere ser académico y riguroso, que ordena con todo el conocimiento una serie de exámenes o interconsultas que buscan el bienestar del paciente como lo prometió en su juramento y se encuentra con que el auditor los considera “no pertinentes”, el administrador o el gerente dice que son de alto costo o está fuera del manual o hasta la secretaria simplemente “transpapela accidentalmente” las órdenes sometiendo a los pacientes a un vía crucis humillante de un lado para otro, viendo avanzar la enfermedad, gastando altas sumas de dinero que de pronto no tiene y viendo pisoteados su amor propio y la salud.
El exceso de ambición, acaso presionado por un arribismo muy ampliamente extendido entre el gremio, hace que el médico se involucre en maratones de varias jornadas sucesivas, sin descanso, sin apenas ver a la familia, exhausto, sin tiempo ni disposición para reposar, disfrutar, estudiar y actualizarse. Es muy común ver que la necesidad de cambiar de barrio por uno de estrato más elevado “para estar a la altura”, la obsesión por cambiar de vehículo a toda costa y poder exhibirlo todo el día estacionado en un parqueadero, comprar la finca para no sentirse inferior al colega, hacen que se asuman créditos desproporcionados que obligan a trabajar sin tregua cayendo en trabajoadicciones agravados por verdaderos “surmenages” o síndromes de fatiga crónica severos.
Los laboratorios farmacéuticos y sus representantes los visitadores médicos tratando de imponerle a como de lugar sus formulaciones, presionándolo para que recete sus productos sin sustento bibliográfico riguroso y veraz, muchas veces mentiroso, tratando de comprarle la conciencia con bisutería para convertirlo en un idiota útil a su servicio, sin reconocer que son multinacionales con niveles altísimos de plusvalía que logran que el facultativo les formule gratis, sin ninguna contraprestación a cambio, para seguir llenando sus ya repletas arcas.
Los pacientes sabihondos o que se creen de mejor estirpe, que siempre saben más que uno de medicina, que cuestionan todos los conceptos, que siempre piden segundas y terceras opiniones, que se enojan si no se les ordena el examen que ellos consideran necesario aunque el criterio clínico diga lo contrario. Muy común entre el gremio del magisterio, no necesariamente son particulares o de medicinas prepagadas que por lo menos estén acordes con tanta prepotencia. Estos los conocemos como “SISBEN TARJETA ORO”
El egocentrismo y la megalomanía de especialistas que se creen ungidos por un soplo divino y sobredimensionan su importancias personal y profesional llegando a mirar por encima del hombro a sus colegas, tornándose insufribles e insoportables a través de los años.
En fin, podríamos seguir enumerando los factores que nos impiden trabajar como es debido, como lo diseñamos en nuestros sueños de juventud y darle un poco más de estatus y calidad a nuestra labor y a nuestro nivel de vida. Evidentemente, toda generalización puede conllevar a una arbitrariedad y en la enumeración hay con seguridad honrosas excepciones, pero con la mano en el corazón, todos sabemos que hay mucho de cierto en ello, que no estamos todo lo bien que anhelamos, que estamos desunidos y solos, amenazados por mil factores y mal pagados, vulnerables y sin muchas otras opciones para rectificar en el camino. Solo la mística, el apostolado, la entrega y el amor con que asumimos lo que hacemos nos defienden contra la amargura y la intolerancia.
CODA:
Algunos amigos me sugirieron que pegara como ñapa el texto PLEGARIA POR UN TRABAJADOR DE LA SALUD, también de mi autoría, que ahonda un poco más en la reflexión, esta vez específica a las profesiones del área de la salud, pero aplicable a otras disciplinas. Este texto ha tenido una amplia difusión en las redes sociales y en las carteleras de los hospitales
PLEGARIA POR UN TRABAJADOR DE LA SALUD
El paciente debería ser lo más importante, nos repetimos a diario
Y sí, debería serlo…sin duda alguna
Si no lo es…por lo menos la ética o el colegaje
o si no es mucho pedir, el respeto por el otro
deberían disimularlo
Si lo anterior no basta
por lo menos deberíamos hacer bien el trabajo aunque sea por un sueldo vil
-eso juramos y a eso nos comprometimos-
pensar en armonizar un equipo o mínimamente, respetar al compañero
-aunque sea por fingir que nos respetamos a nosotros mismos-
Si todo ello sigue siendo muy difícil
no deberíamos andar por allí pisoteando honras, llevando quejas, armando entuertos
ni clavándole el cuchillo al vecino, ni escudando nuestra mezquindad
en la zancadilla, la trapisonda, el chisme, la puñalada trapera
Si aun así no es suficiente
no deberíamos refugiarnos en la falsedad ni en el comentario rastrero
ni en la conseja que insulta la intensión que pusieron nuestras madres
cuando depositaron sus mejores sueños y toda su ilusión en nosotros
Y si de todas formas lo hacemos
por lo menos deberíamos tener estilo:
calumniar sin faltas de ortografía, tener dignidad y altura hasta para denigrar del otro
Y si aun así ese monstruo que nos habita nos obliga a regurgitar hiel y resentimiento
deberíamos renunciar a la memoria
retirar los espejos que nos reflejan y nos hieren con esa imagen poco menos que patética
evadir las plegarias que nos infaman de hipocresía
escupir los actos de contrición que repetimos una y otra vez
maldecir las veces que comulgamos y juramos en vano
Y rogar a Dios que nos perdone y tenga piedad de nuestras pobres almas
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